I.
Revista

viernes, 22 de mayo de 2015

Contra viento y marea

Quince años después de que la permanente sonrisa de Carmiña dejase de alegrar la Feria del libro madrileña, en la 74ª edición se le rinde homenaje junto a otras escritoras y escritores (Matute, Valente, Teresa de Ávila) cuya literatura resulta ya imprescindible para explicarnos, para entendernos, para vivir, en definitiva, mundos que de otro modo no podríamos habitar.
Siempre me sale al paso una bella reflexión suya de 1996 sobre el evento libresco en que su obra no faltaba puntualmente cada año. Entonces nos ofrecía Lo raro es vivir, a la vez que brindaba la posibilidad de leer en castellano Nuestros ayeres, de Natalia Ginzburg, su "amistad a través del texto". Al lado de su amigo Francisco Nieva, que publicaba su última novela, Oceánida, o de Camilo José Cela, que editaba su poesía completa en Círculo de Lectores, o de un siempre presente Antonio Gala, que firmaba La regla de tres, Martín Gaite afirmaba que:

En el carrusel de mudanzas que es el mundo, girando a un ritmo donde todo se disfraza y superpone, alivia reconocer una fiesta siempre igual a sí misma y cuando menos inocua, donde no hay más mentira que la literaria, ésa que nos ayuda a paliar la violenta realidad. Una piedra preciosa y rara, como raro es el lujo de seguir aquí contra viento y marea.

La rareza de que su pluma ya no firme ejemplares a las largas colas de lectores que aguardaban su cita anual con la autora de tantas ilusiones vertidas en las páginas de sus libros solo puede paliarse con la relectura constante y la siempre grata aparición de un nuevo volumen de su obra completa (este año el IV con parte de sus ensayos), de un libro homenaje o de cualquier recuerdo literario.


El tiempo parece el mismo cada vez que reaparece la deseada mentira en el Retiro madrileño, aunque hayan pasado veinticinco años de la creación de Sara Allen y Miss Lunatic; quince desde que la salmantina gallega que reinventó Nueva York huyera hacia la libertad; y ya casi veinte de la publicación del texto que protagonizaba Águeda Soler y que nos señalaba la única ruta verdadera para conseguir algo parecido a la felicidad, porque lo raro sigue siendo vivir. Aquel año con que comenzaba, 1996, Pérez-Reverte intensificaba el valor de una fiesta del libro afirmando que "quien me lee a mí, también lee a Gala, a Marías, a Almudena Grandes, a Carmiña... El lector no sabe de rivalidades, solo de literatura". Por eso queremos seguir leyendo. Miranfú.
© D.G.C.

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Homenaje en la Feria 2015: Un lugar llamado Carmen Martín Gaite
Presentación del volumen IV de sus Obras Completas: Ensayos I