I.
Revista

jueves, 17 de septiembre de 2009

Mujer de reino inconcreto que escribe entre visillos


REBECA YANKE

Larga melena blanca en mujer de ojos vivaces y una boina parisina impenitente; ésta era la escritora salmantina Carmen Martín Gaite, mujer entre visillos (título de la novela por la que consiguió el Premio Nadal en 1957) cuya imagen sigue retenida en la memoria literaria de varias generaciones. Martín Gaite perteneció a la de los escritores de la posguerra, como Ana María Matute, que acaba de publicar una novela. De Martín Gaite no habrá ya nuevas pero las que le brotaron reflejan la evolución de una mujer que maduró libro a libro. "Voy cambiando porque el tiempo te cambia y evidentemente tengo ahora más canas que a los 25 años, pero siempre se reconoce mi voz", resumió en una entrevista. Cuando contaba aquellos 25 Carmen se trasladó a Madrid y comenzó la universidad. Era 1950 y el título de su tesis doctoral da una idea de qué le interesa a la autora: Usos amorosos del XVIII en España. Tres años después, en 1953, escribe su primer cuento y, de nuevo, el título refleja lo que la autora lleva dentro: Un día de libertad. Sin embargo, y al igual que Ana María Matute, escribió desde niña. Ambas son las figuras femeninas imprescindibles en la Generación literaria española de los 50, o de la Posguerra. Carmen llegó a los círculos del que se convertiría en padre de su hija, Rafael Sánchez-Ferlosio. Desde que llegó se sintió en su sitio. Con su primera incursión, El Balneario (1955), consigue uno de los premios de mayor prestigio en España: El Café Gijón. Tres años presentó una de sus obras cumbre, 'Entre visillos', con la que gana el Premio Nadal, antaño empujón de jóvenes literatos. Desde entonces toca todos los palos: escribe dos obras de teatro, una es un monólogo, 'A palo seco', y otra es La hermana pequeña, rescatada a finales de los 90 y estrenada finalmente en Madrid en 1999. La disparidad de géneros aglutina una obra coherente en la que giran y se entremezclan tres conceptos: lo femenino, la libertad y la soledad. Juntos, estos tres elementos dan vida a espacios donde impera el riesgo y la ilusión al mismo tiempo, el ansia de vivir y el miedo en medio; escenas de miradas femeninas sobre mundos adversos que anhelan un hueco propio. Como la propia autora, sus personajes miran el mundo para relatarlo desde el prisma personal. También es un universo femenino el libro 'Caperucita en Manhattan', del que la editorial Siruela ha lanzado una edición escolar, especialmente diseñada para alumnos como vosotros e incluso para vuestros profesores. Una oportunidad para leerlo en clase, para compartilo con los compañeros, que no se debería desaprovechar. En su revisión del clásico de Perrault, Martín Gaite revuelve la imagen de Caperucita, la convierte en Sara, le sitúa en Nueva York y le anima a soñar, no sólo con lobos, ni con caminos oscuros, ni con bosques ni con abuelas sino, sobre todo, con palabras mágicas que, si las nombras, regalan una historia.