I.
Revista

viernes, 11 de febrero de 2011

La última lección de Soldevila

"Por primera vez me encuentro en un país libre", escribía Ignacio Soldevila (Valencia, 1929 - Quebec, 2008) a Max Aub en 1956, al poco de llegar a la Universidad de Laval, en Quebec (Canadá). Allí desarrollaría el grueso de su carrera como hispanista, cuya labor más reconocida -y constante- fue la recuperación y puesta en valor de Aub. Fue el "presidente de la república maxaubiana", como recordaba ayer otro de los continuadores de la estirpe, Manuel Aznar. Soldevila es el protagonista de una exposición inaugurada ayer en la Biblioteca Valenciana que recrea su trayectoria y desempolva algunos llamativos documentos de su legado, cedido a la Generalitat en 2006. Una jornada internacional sobre la literatura española del exilio acompañó el homenaje al hispanista valenciano, un compromiso que se arrastraba desde 2008.
"Nosotros somos ultratumba", escribía también Soldevila a Aub en 1955, cuando aún se formaba en Madrid. Se refería a esos niños de la guerra que "le salieron rana al régimen" (la expresión es de María Cruz Seoane, compañera de estudios del filólogo) y buscaron bocanadas de libertad. La que significó el descubrimiento de Aub para Soldevila, un huérfano de guerra -su padre era un juez republicano de Valencia- acogido en tiempo de estudios (tras unos años en Xàtiva) por un tío militar de Madrid, quien se había hecho con la biblioteca requisada a Paulino Masip. Esa casualidad le condujo a Aub y en la exposición puede verse la copia manuscrita que hizo de La vida conyugal.
El documento es la huella palpable de la "ultratumba", la penuria intelectual de la posguerra, en la que Soldevila prestaba por turnos las obras prohibidas de Aub y daba "cursillos privados" sobre él, como explicó ayer Javier Lluch, el "heredero intelectual" del hispanista, quien realizó un esbozo de su figura como "paradigma" del segundo exilio, los que se van en los 50 y 60 por no encontrar trabajo y asfixiados por el entorno.
Pero la muestra -comisariada por Lluch y Juan Galiana- revela cómo ni en Canadá se libró de la censura: dejó la corresponsalía de Pueblo, porque "me cansé de que me censuraran", escribe.
Manuscritos de Almudena Grandes, Martín Gaite, Buero Vallejo, Longares o los dossiers sobre Celaya. Mendoza y cientos de escritores exhiben además el papel clave de Soldevila como investigador de la novela del siglo XX.