I.
Revista

viernes, 23 de noviembre de 2012

Un "cineasta tranquilo"

" Amigo de Carmiña y, por lo tanto, amigo mío". Esto me escribía Borau sobre su libro El amigo de invierno, un tiempo antes de prologar mi libro sobre Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite, novela de cuya gestación fue testigo privilegiado. Gracias, maestro, por tu generosidad, por tu talante de humanista y por compartir tus recuerdos. -------------------------------------------------------------------
Mateo Sancho CardielMadrid, 22 nov (EFE).- José Luis Borau imaginaba sus películas desde una mecedora en la calle Albareda de Zaragoza, algo que en otros lugares, sentado, o de pie, no ha dejado de hacer hasta ahora consiguiendo un periplo vital y profesional que Bernardo Sánchez Salas recoge en "José Luis Borau. La vida no da para más"."Es una figura poliédrica, polifacética, llena de elementos encontrados, de facetas distintas. Borau está fuera, está dentro, es grande y a la vez es frágil. Es un genio y afectuoso. Es muy de la ribera, muy castizo y también muy anglófilo. Está a la vez en varios lados del espejo", dice a Efe Sánchez Salas, doctor en Filología Hispánica y profesor de Cine y Literatura en la Universidad de la Rioja.Aunque este libro iba a titularse "Borau el travieso", ya que su vida está marcada por la hiperactividad, el título actual se cruzó entre Borau y Sánchez Salas por casualidad."Es una frase que me dijo él en un escrito, cuando le pedí unas cosas que le mandara por favor. No tenía tiempo y acababa diciendo que la vida no le daba para más", explica. ¿Pero qué más puede dar una vida?Una Concha de Oro por "Furtivos" y un premio Goya por "Leo", el premio Tigre Juan de Narrativa por "Camisa de once varas", una fundación con su nombre y un Diccionario de Cine Español que es obra capital en la cinematografía local, además de haber sido presidente de la SGAE y de la Academia de Cine. Pero este libro no tiene como objetivo repasar su carrera."He hilado el discurso muy desde dentro. No quería hacerlo de una manera fría. No había una idea preconcebida, era una miscelánea, no un libro teórico sino una conversación con él, estudiar la literatura, partir también de un retrato personal", explica el autor.Sánchez Salas descubrió a Borau por casualidad, cuando en un programa doble ofrecían junto a "El prisionero de Zenda" la primera película del director zaragozano, el "spaghetti-western" "Brandy"."Vista ahora a vuelta de la cinematografía de Borau es una película interesantísima, están todos sus temas. Y otras películas suyas se pueden entender en clave de 'western', como 'Leo', 'La sabina' o 'Furtivos'".Esta última película acabó eclipsando el resto de una obra sobresaliente. "'Furtivos' es una huella indeleble que vale por muchas películas. Vale para una generación y a un país. Hay que verla no solo por obra, por saber lo que hemos sido y qué ha pasado aquí", explica el autor."Desde el noventa, Borau ha realizado cine con muchas dificultades económicas. Desde 'Río abajo', apuesta por un cine que intenta una sobriedad, coherencia y rigor estético y poético", asegura.Pero Sánchez Salas reconoce que la mejor manera de describir al genio es como un humanista. "Borau aspira a desbordar a su propio campo cinematográfico. Una vez más aspira a cambiar de orilla. Le ha interesado casi todo, tanto el cine que ha estrenado como las películas que no ha rodado, los ensayos que ha escrito sobre arte, sobre estética", asegura.Incluso ahora que ya octogenario, sigue creando como si estuviera todavía en esa mecedora de su casa de Zaragoza, y tiene guiones en el cajón como el que escribió con Rafael Azcona, "Las hermanas de Don".Pero además de creador, Borau ha sido siempre luchador. Desafió a la censura con "Furtivos", mostró sus manos blancas por rechazo al terrorismo en plena ceremonia de los Goya y ha defendido un discurso artístico insobornable que recuerda al autor de "La vida no da para más" a un personaje de las películas de Anthony Mann o John Ford."Borau siempre ha sido un valiente. Ha intentado crear y generar un coraje para vivir y enfrentarse. Es un personaje muy 'barojiano', que lucha por la vida. Apuesta por el descubrir, el revelarse y rebelarse".Sin embargo, una filmografía más exigua que las de otros, no le ha asegurado el puesto popular que sí regentan Luis Buñuel o Luis García Berlanga."Él es un hombre permanentemente aparentemente enfadado, tiene un fastidio paradójico, porque por un lado piensa que está ocupado en demasiadas cosas pero no puede dejar de hacerlas. Merece un retrato de salón en el cine español. Pero se lo podrían haber hecho si se hubiera estado quieto", concluye Sánchez Salas.EFE